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Tipos de humedades en casa: cómo identificarlas y arreglarlas

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Las humedades son uno de esos problemas silenciosos que, cuando menos lo esperamos, comienzan a manifestarse en nuestro hogar, ¡peores que los fantasmas! A menudo aparecen como manchas pequeñas en una pared o un ligero olor a moho, pero detrás de esos primeros indicios se esconde una situación que, si no se aborda a tiempo, puede afectar tanto a la estética como a la salud de la vivienda. Entender qué tipos de humedades en casa existen, cómo detectarlas y qué soluciones resultan más efectivas es el primer paso para mantener nuestro hogar en condiciones óptimas y evitar que el problema se agrave.

La importancia de reconocer el tipo de humedad

No todas las humedades se manifiestan de la misma manera ni tienen el mismo origen. A veces su aspecto es muy similar, pero las causas pueden ser completamente diferentes. Y aquí radica la clave: si no identificamos correctamente el tipo de humedad, el remedio que apliquemos será ineficaz.

Una simple pintura antihumedad puede ocultar temporalmente la mancha, pero si no se soluciona el origen, la humedad regresará. Por eso, antes de aplicar cualquier tratamiento, conviene analizar de dónde viene la humedad y qué la provoca. Esta fase de diagnóstico es tan importante que, en muchos casos, lo más recomendable es contar con profesionales especializados en humedades, como Humetek, capaces de evaluar la situación con equipos técnicos y proponer una solución adecuada y duradera.

Principales tipos de humedades en casa

Ahora, vamos a repasar los tipos de humedades más frecuentes que podemos encontrar en una vivienda. 

Humedades por condensación

Las humedades por condensación son quizás las más habituales en los hogares. Se producen cuando el vapor de agua presente en el ambiente entra en contacto con superficies frías, como ventanas, paredes o techos, formando gotas de agua.

Suelen manifestarse especialmente en invierno y en estancias donde se genera más vapor, como baños o cocinas. También aparecen en dormitorios poco ventilados, donde el aire húmedo queda atrapado. El síntoma más común es la aparición de moho en las esquinas, juntas de ventanas o armarios. Además, generan un olor característico a humedad que resulta muy desagradable.

El remedio pasa por mejorar la ventilación de la vivienda, ya sea con ventanas de doble acristalamiento, sistemas de ventilación mecánica o la simple costumbre de ventilar varias veces al día. En ocasiones, los deshumidificadores también son una buena solución complementaria.

Humedades por filtración

Este tipo de humedad suele originarse en el exterior. Se produce cuando el agua de lluvia o de riego penetra en las paredes, techos o sótanos debido a grietas, defectos en la impermeabilización o materiales deteriorados.

El signo más evidente es la aparición de manchas irregulares en paredes o techos, acompañadas a menudo de desprendimiento de pintura o yeso. Las filtraciones son especialmente peligrosas porque no solo afectan a la estética, sino que también pueden dañar la estructura del edificio si no se tratan a tiempo.

En estos casos, la solución pasa por reparar las fisuras, aplicar impermeabilizantes adecuados y revisar tejados, canalones y juntas de cerramientos. Es fundamental atacar el problema desde el exterior, evitando que el agua siga penetrando.

Humedades por capilaridad

La capilaridad es un fenómeno en el que el agua del subsuelo asciende a través de los materiales porosos de la vivienda, como ladrillos o muros. Este tipo de humedad se manifiesta sobre todo en plantas bajas y sótanos, donde aparecen manchas horizontales que suben desde el suelo hacia las paredes, a veces acompañadas de eflorescencias salinas (restos blanquecinos).

Las humedades por capilaridad requieren tratamientos más complejos, como la instalación de barreras antihumedad, inyecciones de resinas hidrófugas o la colocación de sistemas de drenaje. Es uno de los problemas más persistentes y, sin una intervención profesional, resulta muy difícil de erradicar.

Soluciones eficaces para combatir las humedades

Mejorar la ventilación y el aislamiento

Uno de los pasos más importantes para reducir la humedad ambiental es mejorar la ventilación del hogar. Abrir ventanas con frecuencia, instalar rejillas o apostar por sistemas de ventilación mecánica son medidas que ayudan a equilibrar la humedad relativa del aire. Asimismo, un buen aislamiento térmico en paredes, techos y suelos reduce los puentes térmicos, evitando que se formen condensaciones.

Impermeabilización de exteriores

Cuando el problema proviene del exterior, la impermeabilización es clave. Existen productos específicos para fachadas, cubiertas y terrazas que impiden la entrada de agua. También es importante revisar periódicamente los elementos de desagüe, ya que una canaleta obstruida puede ser la causa de filtraciones.

Tratamientos especializados para la capilaridad

En el caso de las humedades por capilaridad, la solución requiere un tratamiento técnico. La instalación de barreras químicas o físicas es la opción más utilizada, aunque también existen sistemas de electroósmosis que invierten el flujo del agua en el muro. Se trata de intervenciones que deben ser ejecutadas por profesionales, ya que requieren materiales y conocimientos específicos.

El impacto de las humedades en la salud y la vivienda

No debemos olvidar que las humedades no solo afectan a la estética de nuestra casa. La presencia de moho y esporas puede causar problemas respiratorios, alergias y empeorar el bienestar de las personas con asma. Además, la humedad constante deteriora los materiales, favorece la aparición de plagas y disminuye el valor de la vivienda.

Invertir en soluciones eficaces no es un gasto, sino una garantía de bienestar y de conservación del hogar a largo plazo.

Identificar el tipo de humedad es el primer paso para poner remedio de manera efectiva. Aunque existen medidas sencillas como mejorar la ventilación o aplicar pinturas protectoras, en muchos casos será necesario contar con profesionales especializados en humedades, capaces de ofrecer soluciones definitivas y adaptadas a cada situación. De este modo, no solo preservaremos la estética de nuestro hogar, sino también la salud de quienes lo habitan y la durabilidad de la vivienda.

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